martes, 27 de septiembre de 2016

CUERPOS DE ÉLITE EN LA CORONA DE ARAGÓN.

EL ALMOGABAR, "LUCHABA POR ESPAÑ


Lo primero una aclaración... este mapa es de la gran expansión que tubo la Corona de Aragón con la ayuda inextimable de las tropas de élite... los Almogávares.Alguien diría que es el mapa de los  mal llamados Países Catalanes... craso error ya que nunca existieron en la historia verdadera y sin manipular.Dicho esto vamos con estos desconocidos y rudos combatientes.

-¿Quiénes eran, de dónde vienieron y hacia dónde fueron los almogávares?
-Yo me inclino por pensar que son un producto genuinamente hispánico que sobre todo arranca a partir de 714, cuando los musulmanes invaden la Península. Entonces, los nobles visigodos y las clases elitistas emigraron hacia Asturias, pero la gran masa de la población se tuvo que quedar y continuar la lucha, escondidos en las montañas, donde se embrutecen, se asilvestraron, digamos, y se convierten en una especie de mutación de la raza, una mutación a la que son obligados por una presión brutal.

-Se les ha llamado mercenarios.
-Su vida es la guerra, sí, pero lo que les diferencia de los mercenarios son la fe cristiana que se refleja en su gran vocación mariana, y un profundo amor a la tierra y un poderoso sentimiento de liberación. Con el paso del tiempo y de la Reconquista, en la que tuvieron un papel fundamental como fuerza de choque, se convierten en una suerte de soldados idealistas que asumen su papel sacrificado siempre en primera línea.


-Los almogávares nacían, pero también se hacían.
-Cierto. Su manera de vivir y de guerrear se transmitía de padres a hijos. A los medievalistas su historia les fascina, porque los almogávares iban a la guerra con su mujer y sus hijos detrás.

-Pues menuda lata para estar todo el día a mamporros.
-No es exactamente así. Entre ellos existía un sentido de cuerpo, una unidad prácticamente familiar, de manera que sabían que si morían en combate su familia no quedaba desamparada, sino protegida por las «pensiones de viudedad y de orfandad» de todo el grupo. Igual sucedía si el guerrero era herido, no se le abandonaba.
-¿Y nunca se cansaban del trabajo, de sus jefes, no se estresaban?
-Ese espíritu de cuerpo que tanto cohesiona tiene que ver mucho con la libertad, con los estatutos y el consejo con el que se gobernaban. Era inaudito para la época, pero si un almogávar decidía dejar la tropa lo podía hacer e incluso se le daba un dinero. Ese espíritu libre y colectivo, esa especie de democracia militar, era la que les hacía inexpugnables en las batallas.




-¿Existía entre ellos algo parecido a una idea de España?
-Por supuesto. Por ejemplo, Jaime I de Aragón mandó a sus almogávares catalano-aragoneses en auxilio de Alfonso X El Sabio, un castellano, y sus nobles se lo reprochan airadamente. Su respuesta no deja lugar a dudas: «Lo hago para salvar a España».

-¿Por qué entonces a su ataque de cólera en Oriente se le denomina «venganza catalana»?
-El cronista de aquellos hechos fue Ramón Muntaner, que, aunque amaba la Corona de Aragón, en este caso barrió algo para casa. La causa almogávar ha sido manipulada a menudo, y luego sus mismos manipuladores han sido quienes la han denigrado. Creo que tanto catalanes como aragoneses y valencianos tienen que estar orgullosos de los almogávares y verlos con los ojos limpios, hay que aceptar su grandeza pero también sus crueldades

-Parece ser que en tiempos de paz se ponían un pelín tensos.
-Hay que tener en cuenta que cuando se establecieron en Oriente era una una milicia que llevaba siete siglos guerreando sin parar, y que tenía una inercia combativa inusual. Vivían de la guerra y en cuanto tuvieron que vivir en paz empezaron a surgir enfrentamientos y disputas, sobre todo entre el bando de los que eran de origen noble y los que no. Al final, el espíritu almogávar, el que defendía mi «abuelo» Berenguer, se fue diluyendo.

-Su primer capitán y el más conocido fue Roger de Flor, un antiguo templario. Sin embargo, a los almogávares no les rodea ninguna extraña leyenda esotérica...
-Eso del esoterismo en los templarios y sus relaciones secretas y extrañas es pura ficción... lo que pasa es que todo lo documental se ha perdido, no eran como los hospitaliarios, por ejemplo, que tenían bibliotecas. No han quedado casi documentos y la gente elucubra. Pero sí es verdad que la impronta templaria de Roger influyó en la Compañía Almogávar.

-Para ser una tropa tan eficaz y disciplinada, ningún rey cayó en la tentación de convertirles en policías.
-Habría sido imposible por su espíritu de libertad y su manera de vivir. Cuando no guerreaban eran vividores y bebedores, pendencieros, jugadores... la verdad es que no eran muy recomendables como policías.


Os mando un enlace para complementar el artículo sobre los Almogávares es un video.







jueves, 21 de julio de 2016

UNA GRAN REINA POCO CONOCIDA..."CATALINA DE ARAGÓN".


CATALINA DE ARAGÓN: LA MUJER QUE CAMBIÓ LA HISTORIA DE INGLATERRA

La hija de los Reyes Católicos soportó con admirable estoicismo la presión de un rey terrible y de toda su corte y con voluntad férrea y tremenda dignidad, fue capaz de cambiar la historia de Inglaterra para siempre. 



CATALINA DE ARAGON

Catalina de Aragón fue la quinta hija de los Reyes Católicos y como sus hermanos, fue educada desde pequeña para ser reina. Claro que no reina de España, sino de cualquier otro país con el que España mantuviese una relación diplomática fructífera. Un rudimentario tablero geopolítico comenzaba a moverse en Europa en los albores del siglo XVI y los Reyes Católicos sabrían posicionarse en él mejor que ninguno.

Por aquel entonces, Francia era el enemigo irreconciliable de España, de forma que todas las alianzas matrimoniales urdidas por Fernando el Católico tenían como fin aislar a su rival. Así, la infanta Isabel casó con el primogénito de los reyes de Portugal, el infante Alfonso; el infante Juan lo haría con la hija del emperador alemán, Margarita de Austria; la infanta Juana se prometió con el heredero de los reinos de Flandes, Felipe el Hermoso; y la pequeña Catalina, fue enviada a las Islas Británicas para casar con el joven heredero de una nueva dinastía que pretendía unir las casas de York y de Lancaster, los Tudor. Para Enrique VII, cuya legitimidad para reinar era más bien escasa, emparentar con una familia tan bien considerada como los Trastámara significaba dar carta de naturaleza a su futura estirpe.

El joven y tímido príncipe Arturo no cabía de gozo con su encantadora esposa. Catalina contaba con todos los atributos para encandilar a los ingleses: esmerada educación, gracia y viveza en los gestos, una tez blanquísima y un pelo rojizo que le daba cierto aire británico encendido con la viva mirada de su madre Isabel. A Catalina, los ingleses ya la comparaban con la reina Úrsula, esposa del legendario rey Arturo. No había mayor honor en las islas para una joven princesa.

Tras una boda llena de pompa y boato, los recién casados se marcharon a Gales, donde el invierno se endureció más de lo previsto. Entre las frías paredes del castillo de Ludlow, ambos cogieron fiebres y sólo Catalina las sobrevivió. Con sólo 17 años, Catalina era una princesa viuda y la alianza con Inglaterra urdida por Fernando el Católico se venía al traste. La mitad de la dote de 200.000 coronas ya estaba pagada, pero había que determinar qué pasaba con la otra mitad. Se barajaban varias opciones. Traer de vuelta a la princesa o dejarla en Inglaterra para que casase con el segundo hijo del monarca, el joven Enrique, que aún tenía 12 años. Sin embargo, para un nuevo compromiso, había que fijar una nueva dote y las arcas de los Reyes estaban vacías tras la guerra en Italia. Luego estaba el escabroso asunto de la consumación del matrimonio, que en cualquier caso necesitaba de una dispensa papal para ser anulado.

Y mientras unas y otras cosas se resolvían fueron pasando los meses y después los años, y Catalina fue sumida en el más absoluto ostracismo. Abandonada por el rey, humillada por sus cortesanos, Catalina no sólo debía vencer el drama de su soledad en un reino hostil, sino también su absoluta falta de recursos. La muerte de Isabel la Católica dejó el asunto de la dote en manos de Fernando, que no quería cargar a la Corona de Aragón un dispendio que correspondía a Castilla, por entonces gobernado por su hija Juana.

La relación entre Fernando y Enrique VII se enrareció. Ambos eran afamados tacaños y al asunto de la dote se sumaron sus diferencias políticas. Durante siete largos años, la infanta Catalina vivió penurias indignas de una futura reina pagando las intransigencias de su padre y sobrellevándolas con una sencillez dignísima. Enrique VII la sometió a toda clase de precariedades y humillaciones pero Catalina era una princesa castellana y aunque sus ropas estuvieran roídas su porte era orgulloso como el de una reina y jamás exteriorizó dolor alguno.

El ostracismo de Catalina llegó a su fin de pronto con la muerte de Enrique VII. Contra todo pronóstico, resultó que su hijo Enrique había vivido tan marchitado como ella por el carácter huraño de su padre y tal vez por una inclinación natural entre dos almas gemelas, tal vez porque se lo prometió a su padre en el lecho de muerte, el príncipe escogió a la bella infanta para iniciar juntos un prometedor reinado. Si fue amor secreto o alianza estratégica sólo Enrique lo supo, pero nada hizo pensar que al principio de este matrimonio ambos esposos no estuviesen profundamente enamorados.

Enrique era un joven alegre y piadoso, que colmaba de atenciones a su mujer y disfrutaba de su reino como su padre no había hecho jamás. Además, contaba con la reina para cualquier decisión, ya fuese personal o de Estado. Catalina era mayor que Enrique, había recibido una educación esmerada y durante su ostracismo había desarrollado una ardua labor diplomática con el agónico fin de sobrevivir, lo que la colocaba en un grado de madurez muy por encima de su marido.



ENRIQUE VIII Y CATALINA DE ARAGON

Catalina fue la mejor embajadora de Inglaterra, recibiendo a visitantes de todos los confines a los que hablaba en inglés, español, francés, latín o alemán, según conviniese. Poseedora de gran cultura, la reina ejerció también como mecenas renacentista, convirtiendo Inglaterra en una pequeña cuna del humanismo. Catalina cultivó la amistad con Tomás Moro, con Erasmo de Roterdam y también con el valenciano Luis Vives, a quien patrocinó buscándole una colocación en Oxford e inspirando su gran tratado De disciplinis, un gran alegato acerca de la educación femenina. Cuando Enrique partió a la guerra en Francia, Catalina quedó al cuidado del reino, llegando a librar la mayor batalla de su reinado contra Jacobo de Escocia en Flodden. Catalina reclutó a sus mesnadas y las encabezó cabalgando junto a ellas, como hiciera su madre Isabel la Católica, dando muerte al rey Jacobo en el campo de batalla.

A pesar de sus múltiples cualidades, la finalidad última de toda reina no es otra que alumbrar herederos y en esta empresa tuvo poca fortuna doña Catalina. Su primer embarazo terminó en aborto y en el segundo dio a luz un varón que sobrevivió 52 días. Por fin, el 18 de marzo de 1516 nació una niña, María Tudor, la única de sus seis embarazos que llegaría a edad adulta. No era el ansiado varón, pero suponía un soplo de aire fresco para la pareja.

Catalina se ensimismó en la tarea de darle a su rey un hijo varón y entre abortos y embarazos, su cuerpo se fue marchitando y Enrique buscó abrazos más jóvenes y el calor de sucesivas amantes. Al cuidado de su hija, Catalina fue abandonando los festines cortesanos para dedicarse a labores más pías y el joven rey, libre de estorbos, empezó a descuidar la discreción en sus escarceos. Enrique conoció a una joven cortesana llamada Ana Bolena, que en realidad era la hermana menor de su amante de entonces y que tuvo la feliz idea de rechazarle. El rey, que no se había visto jamás en una situación semejante empezó a sentir una obsesión ciega e irracional por la joven.

En realidad Ana no rechazaba a Enrique, pero se negaba a entregarse a él si no era de igual a igual, como esposa y reina de Inglaterra. Ciego de pasión, Enrique confió al cardenal Wolsey la ruptura de su matrimonio, que sólo podía apoyarse en el viejo asunto de la consumación de su primer matrimonio, una cuestión que Catalina negaba de forma tajante. El cardenal Wolsey, intrigante apodado el Limosnero, bregó sin descanso para perjudicar a Catalina. Se apoyaba en un viejo texto del Levítico: “Si un hombre coge a la mujer de su hermano morirán sin descendencia”. Para Wolsey, bien podía ser esa la causa de que no hubiese hijo varón.

Catalina se veía amenazada, pero no sólo en la validez de su matrimonio, sino también en la legitimidad de su hija, que podía convertirse en bastarda de la noche a la mañana. Catalina puso el asunto en manos de su sobrino Carlos I y del Papa Clemente VII, que envió a resolver la disputa al cardenal Lorenzo Campeggio. Para no desairar a Catalina, que a fin de cuentas era tía de Carlos V, el hombre más poderoso de su tiempo, Campeggio le propuso una salida digna: ingresar en un monasterio con su honor intacto. Catalina se negó en redondo. De nada estaba más segura que de su matrimonio con Enrique, a quien se había entregado pura en cuerpo y alma.

Aislada para que nadie pudiese asesorarla y sometida a terribles presiones que buscaban ya no sólo una confesión, sino cualquier otra prueba de sedición que pudiese enviarla al cadalso, Catalina estudió derecho canónico y preparó ella misma una defensa impecable en fondo y forma, que dejaba en manos del Papa la decisión final. Wolsey perdió el cargo por su incompetencia y en su lugar aparecería la definitiva figura de Cromwell, que sería capaz de resolver la disputa por la única vía posible, la ruptura con Roma. 

ANA BOLENA

Lo que la Iglesia no se atrevió a romper, lo hizo el Parlamento inglés, atenazado de miedo ante un tirano caprichoso que había perdido todo rastro de piedad. Catalina fue expulsada de la corte y despojada del título de reina, que fue sustituido por el de ‘princesa viuda’. Catalina, indomable hasta la muerte, rechazó ese trato y siguió comportándose como la reina de Inglaterra aún en el exilio. Chapuy dijo de Catalina que si hubiera nacido varón superaría a todos los héroes de la historia. Ella sola fue capaz de torcer el rumbo de la historia de Inglaterra, que tuvo que adoptar una nueva iglesia, la anglicana. De su victoria final, dan buena cuenta las palabras de Ana Bolena, coronada en 1533 y que sólo tras la muerte de Catalina, tres años después, pudo decir: “¡Ahora por fin soy reina de Inglaterra!”.



viernes, 24 de julio de 2015

LA IDENTIDAD ARAGONESA.


El origen olvidado y maltratado de:

LA CORONA DE ARAGÓN


La historia sin manipular es… la mejor defensa sobre los bienes de Aragón
Escudo del Reino y Corona de Aragón.


Parece que empieza a tomar color el esfuerzo de un grupo de aragoneses y de años de lucha en solitario para recuperar unos bienes que corresponden a la historia de todos y cada uno que amamos Aragón.
El maremagnun étnico del nacionalismo catalán que llevamos años sufriendo y que reclama justicia universal, persiste en seguir apoderándose de bienes adquiridos ilegalmente o robados como botín de guerra. "Papeles de Salamanca sí, bienes de la franja, jamás”. Pedir con una mano y robar con la otra.
Se olvidan de que este pueblo, hizo de un pequeño condado de los Pirineos, un Gran Reino y Corona, que este Pueblo, resistió con orgullo el empuje de un ejercito profesional causando la primera derrota a Napoleón, que mientras haya un solo aragonés amante de su historia y patrimonio, no cejaremos en reclamar lo que nos pertenece y fue arrebatado con artes de piratería.
Pasarán todavía muchos años en recuperar nuestro patrimonio, pero la única forma de no conseguirlo, sería destruirlo y quemarlo como ya lo hicieron en el 36, destruyendo un Monasterio orgullo de identidad aragonesa, quemando gran parte y saqueando el resto. ¿Y que decir de las 113 joyas de arte, orfebrería y objetos religiosos de gran valor histórico-artístico igualmente robadas de diferentes parroquias de la zona entre ellas la de Barbastro y Monzón?. Nada de esto, hará que la historia cambie a favor de su fantasía y acomplejamiento histérico. Aquí está la clave o el ”quid” de la cuestión sobre los bienes de la mal llamada franja. No era ni es en el fondo un problema eclesiástico sino un problema político de no tener unas señas de identidad propias de una supuesta Nación Catalana. Pero… la identidad si que la tenía Aragón. Esta verdad histórica fue y es una herejía para los planteamientos nacionalistas e independentistas.
La solución que tomaron, ya lo hemos comentado en unas lineas mas arriba: destruir, quemar, expoliar y robar todo aquello que demostrase la verdadera historia de su pasado dependiente de Aragón.

Parece ser que la Justicia, aunque tarde, empieza a inclinar la balanza de quienes tenemos la razón, pero todavía no ha terminado aquí la lucha. Quedan los bienes saqueados que se encuentran en el Museo de Arte de Cataluña, en especial las pinturas de la Sala Capitular del Monasterio de Sigena.
Os preguntareis...¿que es lo que había en ese monasterio?… VOY A INTENTAR EXPLICARLO:

Panorámica del Monasterio de Sijena.


El monasterio se fundó el 21 de Abril de 1188 por Doña Sancha, esposa del Rey Alfonso II de Aragón (primer Rey de la Corona de Aragón). La primera monja ordenada en este monasterio fue Doña Dulce hija de ambos. Murió al año siguiente y fue enterrada en el propio monasterio. También se inhumaron en él su fundadora Doña Sancha de Castilla, hija de Alfonso VII "El Emperador" y su hijo, el Rey Pedro II "el Católico".Se cree también que fué enterrada la esposa de Pedro II, María de Montpelier.
La relación entre el reino y el monasterio no se limitó a la economía o la repoblación, sino que acogió tras sus muros a un buen número de reinas y princesas, así como a hijas de familias nobles. Sirvió de depósito de una parte del tesoro real y como archivo monástico durante los siglos XIII y XIV.
Del antiguo monasterio hoy sólo se conserva el templo y una pequeña parte del claustro, en torno al cual se distribuían originalmente el resto de las dependencias monacales, además del palacio prioral, situado en el suroeste. 

Entre estas dependencias destacaba la sala capitular, cubierta por una techumbre mudéjar y decorada con un interesantísimo conjunto de pintura mural del siglo XIII con escenas del Nuevo y del Antiguo Testamento, que la convirtieron en una auténtica Biblia pictórica que explicaba la historia de la humanidad desde el Pecado Original hasta la Salvación.



La magnífica acuarela de Valentín Carderera nos transmite la majestuosa realidad de lo que fue esta sala capitular, verdadera sala noble de recepción de la realeza aragonesa que se decoró siguiendo los más refinados modos del arte europeo de su momento. El mismo artista que decora la biblia de Canterbury, trabaja en esta sala, aportando a la misma un toque refinado, nuevo y pleno de bizantinismo; desconocido en España hasta ese momento.

(Estas pinturas románicas están catalogadas por expertos en arte e historiadores, como las mas bellas e importantes de Europa en la alta Edad Media). Actualmente se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona) en calidad de depósito, a donde fueron llevadas tras la Guerra Civil por el equipo de Josep Gudiol, y donde se produjo un intenso trabajo de restauración y conservación.

El templo está realizado totalmente en sillar y consta de nave única con crucero y cabecera triple. El crucero presenta adosado al brazo septentrional el citado panteón real y al meridional una maciza torre de planta cuadrada. En su fachada sur se conserva su imponente portada de estilo románico, abocinada por catorce arquivoltas acabadas en 26 columnas cilíndricas.

Impresionante portada románica con 26 columnas.

La portada fue ordenada construir por Jaime I por parecerle pequeña la primitiva puerta de entrada a la iglesia, aunque la obra no se ejecutaría hasta el reinado de Pedro III (1282).

Pero Sigena es algo más. Hoy sus muros desnudos son el recuerdo de un pasado que se fue y que podemos intuir visitando otros lugares, como los museos catalanes donde encontramos algunas de las joyas artísticas de Sigena.

Espero poder desearos pronto la enhorabuena por las primeras piezas que retornan al lugar de origen donde nunca debierón de salir.



EL TRÁGICO FINAL DEL MONASTERIO DE SIGÉNA Y DE SUS BIENES

En las elecciones de 1936, Villanueva de Sijena registró 392 votos de derechas y 31 de izquierdas. El 18 de Julio, casi todo el pueblo estaba en el lejano monte (cuatro horas de carro) recolectando el cereal. El día 21 fueron forzados a bajar al pueblo e interrumpir la trilla, por la declaración de huelga general.
Comenzaron los primeros brotes revolucionarios: las monjas tuvieron que huir, cambiando sus hábitos con la cruz de Malta por ropas de labradoras; un Comité Revolucionario destituyó al Ayuntamiento; llegó de Barcelona un coche con cuatro anarquistas, dos mujeres y dos hombres, en mono azul que, ante la consternación y asombro de todos, tirotearon (no fusilaron) al capellán D. Antonio Montull Carilla a la orilla del río Alcanadre. Lo dejaron moribundo y quejumbroso, y tuvo que rematarlo un cazador, dicen que por caridad y a solicitud de la víctima. Quedó insepulto, hasta que el secretario (Julio Arribas) y el médico, Adolfo, le excavaron a escondidas una somera tumba en el mismo lugar. Después, una piadosa riada del Alcanadre, le arrastró por su entonces límpido cauce.

El Monasterio de Sijena, pasto de las llamas.

El 3 de Agosto, el mismo día que del cercano aeródromo de Sariñena despegaron los aviones que bombardearon la basílica del Pilar, incendiaron el Monasterio de Sijena. Cuando el fuego acabó con el Salón del Trono y se extinguió, provocaron durante todo el mes más incendios en la Iglesia, el Coro, la Biblioteca y la Sala Capitular. En el Salón del Trono se destruyeron muebles, tapices, cuadros, las pinturas del cartujo Bayeu y el artesonado. En la Iglesia ardieron los retablos de tabla y decapitaron los de mármol y alabastro. En el Coro se quemó el artesonado y una rica sillería semejante a la de la Seo de Zaragoza. En la Biblioteca ardieron, además de los archivos de la Corona en pergamino, Libros de Horas miniados y Ejecutorias de nobleza.

Entre los muros desplomados y las ruinas algo quedó intacto: varias tablas románicas y góticas de mucho valor, sarcófagos y otras obras de arte, que se llevaron al Museo Comarcal, que en Albalate organizó la CNT- FAI. La corona de la Virgen del Coro, objetos de culto en metales nobles, joyas y cuberterías de plata y oro, patrimonio de ocho siglos de historia, desaparecieron, saqueados y malvendidos fraudulentamente por los incendiarios. La imagen románica de la Virgen del Coro, que había sido escondida, cuando la localizó el Comité, la usó para encender una estufa. Un miliciano cambió una rica corona por un fusil ametrallador.
En Septiembre, Durruti, que había visitado el Monasterio en su esplendor, llegó a Sijena y entre gritos e insultos, ordenó al Comité de Villanueva: “Cerrad este recinto y poned una guardia porque una fotografía de esto nos hará más mal que todos los cañones de los fascistas juntos”. Resulta extraña esta frase, que repiten muchos autores, cuando una de las pocas citas que se le atribuyen a Durruti, es: “La única iglesia que ilumina es la que arde”.
Posteriormente se alojó en las ruinas un Regimiento de Caballería que clavó, en los muros del claustro que quedaban en pie, argollas para el enganche de los caballos. Evacuado por la Caballería, aún sufrió el Monasterio una última profanación por elementos del Regimiento Engels, que abriendo los sarcófagos del Panteón Real y las tumbas de las monjas, arrastraron los esqueletos de reyes, infantas, caballeros y sorores, cuyos huesos y restos se iban desparramando por el interior de la iglesia y la plaza del Monasterio. 
Sepulcro de Pedro II y Doña Sancha.

Especial escarnio hicieron con el cadáver de la reina y fundadora, Doña Sancha, zarandeándola como si bailara, con un cigarro entre las descarnadas mandíbulas. Según el acta de apertura y reconocimiento de los sepulcros reales, en 1883, los restos de Doña Sancha estaban momificados y en admirable estado de conservación, describiéndola: alta (1,70 m.), frente espaciosa, ojos grandes, nariz aguileña y abundante cabellera de un color rubio casi rojo…
Hablar de Patrimonio Artístico, es hablar de la memoria de una comunidad, de sus amores y de sus olvidos; en suma , de la vida a través del tiempo. Desde antaño las guerras han provocado la desaparición de arte sacro en los templos, saqueado por su valía o destruido con brutalidad patológica, por individuos engañados por la incultura y cegados por un odio visceral a lo religioso y clerical. 
Del antiguo patrimonio de Sijena, sólo queda: en el Museo de Huesca, cuatro tablas góticas del Maestro de Sijena, que fueron adquiridas por Carderera, y varias escenas de la vida de San Juan Bautista que se cree provienen de un retablo de Sijena. En el Museo de Zaragoza se encuentra el sarcófago de María Ximénez de Cornel, condesa de Barcelos. Algunos documentos del archivo de Sijena se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Huesca, entre ellos una copia del siglo XIII de la Regla del Monasterio.
Los frescos que cubrían los muros de la Sala Capitular empezaron a ser arrancados antes de finalizar la Guerra Civil, y se exhiben actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.


Frescos arrancados de la Sala Capitular.
A principios de Abril de 2006, el pleno de la Comarca de Los Monegros aprobó por unanimidad solicitar a la Generalitat de Cataluña la devolución de las pinturas de la Sala Capitular del Monasterio de Sijena. Alfonso Salillas, vicepresidente comarcal y alcalde de Villanueva de Sijena, señaló que estos frescos “fueron arrancados por mandato de la Generalitat en septiembre de 1936 por lo tanto en plena Guerra Civil y después del recién incendiado Monasterio”. señalando que tienen consideración de “botín de guerra” y deben ser recuperados “al igual que los papeles de Salamanca” y “con la misma celeridad”.
Posteriormente, Salillas declara: “a Villanueva vino una columna de “Los aguiluchos del POUM” cuando las monjas ya habían huido. Al capellán lo mataron, sacaron a los reyes de los sarcófagos y los pasearon por toda la plaza y quemaron los ataúdes y después incendiaron el Monasterio. Posteriormente, la Generalitat mandó arrancar las pinturas”. Agrega “los frescos estaban afectados por la declaración de Monumento Nacional de 1923, por lo tanto, son intrasladables”. Y concluye: “en el año 1956, Antonio Beltrán, entonces director del museo de Zaragoza, obtuvo una orden ministerial para traer los frescos y en Cataluña y en Barcelona la única razón que esgrimieron para no dárselos fue que el museo de Zaragoza debía de satisfacer los costes de los trabajos de restauración de dichos frescos. Si en aquellos años ya se obtuvo una orden ministerial, será porque hay una base legal”. Afirma que el Gobierno de Aragón “no se toma en serio” la reclamación de las pinturas de la Sala Capitular y denuncia que “existe una clara falta de interés”. Recordó por otra parte, que existen otras piezas del cenobio que fueron vendidas ilegalmente y en secreto a la Generalitat de Catalunya, un asunto que “se encuentra en un contencioso en el Tribunal Constitucional”.

Guillermo Fatás, el 27 de junio de 2006, en el Heraldo de Aragón encabeza su artículo: “La desventura del Real Monasterio de Sijena comenzó con un expolio en plena guerra civil, en 1936, y siguió por más de medio siglo con total menosprecio a la raigambre aragonesa del tesoro”. Termina: ”Frente al ingente despojo de Sijena, sumado al de las parroquias de Barbastro-Monzón, no parecen tanto los documentos de Salamanca”.
Parte del patrimonio que no ardió se encuentra en Lérida, para la exhibirlos en el “Museu Diocesà de Lleida”, donde están varias obras que los obispos de Lérida, a lo largo de los años, fueron recogiendo, hasta hace poco tiempo, en un sucio almacén, con el justificado pretexto de preservarlos de robos, pero sin imaginar que tras años de disfrutarlos, les costaría devolverlos al considerarlos ya suyos. 


Retablo expoliado. Actualmente se encuentra en el museo de Barcelona.

Allí se hallan cuadros (retratos de Doña Sancha y Doña Dulce), retablo de San Pedro, tablas de varios pintores góticos, sarcófagos policromados, la gran puerta del Palacio Prioral; cinco piezas del retablo de alabastro policromado del Niño Jesús, siglo XVI, atribuido a Gabriel Yoly, artista aragonés de la época ; el Retablo de Santa Ana, policromado de estilo renacentista, atribuido también a Yoly; retablo de Santa Waldesca , datado entre 1593-1608, que estaba situado en el claustro; la Sede de la Priora de Sijena del siglo XIV y varias obras de arte.
Trono de Doña Blanca, expoliadoo.
Otras obras de Sijena se ven salpicadas por el escándalo de una venta a la Generalitat de Catalunya, sin informar a la Diputación General de Aragón. En 1983, por un importe ridículo de 10 millones de pesetas compran 44 piezas, la mayoría pinturas. Nueve años después, en 1992, y otra vez sin enterarse ni estar prevenida la D.G.A., por 25 millones, 12 piezas. Y la última venta entre 1992 y 1994 por unos 15 millones, 30 piezas.



Debemos exigir al Gobierno de Aragón, el compromiso inequívoco de restitución patrimonial al Real Monasterio de Santa María de Sijena, lugar del que fue despojado el rico conjunto de pinturas, esculturas, retablos, etc, que hoy se hayan expuestas en tierras catalanas, sin que se empleen estas circunstancias con fines partidistas, enfrentando a aragoneses con nuestros vecinos catalanes, ya que es un problema creado por la astucia de los encargados de la compra por la Generalitat y la falta de información o desidia, de los responsables de la Diputación General de Aragón.


CITAS CON LA HISTORIA.

  Cita con la Historia (JG Isac y PF Barbadillo): Este es un canal dedicado a tratar temas históricos con rigor y seriedad. Cada semana, Jav...